La Maison

La historia de Chopard


Louis-Ulysse Chopard

Louis-Ulysse Chopard, hijo de un granjero de Sonvilier, tenía solo 24 años cuando conquistó Suiza y el resto del mundo. Gracias al innovador diseño de sus piezas de relojería artesanal, logró exportar sus productos a lugares tan insignes como la corte del zar Nicolás II de Rusia. En el siglo XIX, las características más apreciadas de un reloj eran su precisión y su fiabilidad. Louis-Ulysse Chopard se propuso ir más allá y superar las expectativas de sus clientes con cronómetros y relojes de bolsillo realmente únicos.

Los relojes Chopard en el siglo XIX

Los extraordinarios relojes de Chopard contribuyeron a forjar la reputación de fiabilidad y calidad de los productos fabricados en Suiza. La firma no tardó en hacerse cargo de dos prestigiosos cometidos: pasó a ser proveedora oficial de relojes del Campeonato Federal de Tiro y de los ferrocarriles suizos.

Carácter suizo en Sonvilier

Sonvilier es una típica localidad agrícola de la zona suiza del Jura con un rico patrimonio en el arte de la relojería. Durante su época de máximo esplendor, Sonvilier llegó a contar con 15 relojeros independientes. Chopard destacó desde sus comienzos por el altísimo grado de calidad y precisión que alcanzaban sus relojes artesanales.

Del Jura suizo a Ginebra

Louis-Ulysse le cedió el testigo de la empresa familiar a su hijo, Paul-Louis, cuya llegada supuso un soplo de aire fresco para la marca Chopard. En 1937 dio el tan ansiado paso de trasladar la firma a Ginebra, la capital internacional de la Alta Relojería y la relojería de lujo, acercándose así a su clientela más cosmopolita. Chopard se ganó a pulso su fama de producir relojes excepcionalmente precisos con un alto grado de sofisticación técnica.

Paul André Chopard

La tercera generación de Chopard llegó de la mano de Paul-André. Tras la prosperidad vivida en la época de Paul-Louis y Louis-Ulysse, la empresa tuvo que enfrentarse a ciertas dificultades. Cuando Paul-André cumplió los 70, empezó a buscar un comprador para Chopard ya que ninguno de sus hijos estaba interesado en continuar con el negocio. Fue entonces cuando conoció a Karl Scheufele III, propietario de la firma alemana de relojería y joyería Karl Scheufele, con quien compartía intereses y un profundo amor por la creatividad y la artesanía fina.

La empresa Karl Scheufele y la compra de Chopard

Esta empresa alemana, fundada por Karl Scheufele I en 1904, se dedicaba a la manufactura de joyas y relojes en Pforzheim, la famosa «Ciudad del Oro». Eran especialmente conocidos por sus relojes y joyas de inspiración art déco. Karl Scheufele III, sabedor de la reputación de calidad de la que gozaban los productos suizos, decidió en 1963 que, para garantizar el éxito de su empresa, debía comprar una marca del país helvético, en concreto, de Ginebra. «En cuanto entré en los talleres ginebrinos y vi al venerable señor Chopard sentado frente a su banco de trabajo, junto a la ventana, supe que nuestras dos casas iban a llevarse bien. Tras media hora de conversación, me convencí de que estaba en lo cierto». Así relató Karl Scheufele III su primera entrevista con Paul-André Chopard.

Karl Scheufele III y su esposa Karin

El alemán Karl Scheufele III, descendiente de una dinastía de joyeros y relojeros de Pforzheim, hizo realidad los sueños de su padre y de su abuelo cuando compró la manufactura suiza de Chopard. Karl quería ser independiente de su proveedor de movimientos de Ginebra que también suministraba a la competencia de Eszeha.

Los herederos de la familia Scheufele

Chopard es una de las pocas empresas familiares que quedan en el sector de la joyería y la relojería. Desde la década de 1980, los hijos de Karl y Karin —Caroline y Karl-Friedrich— forman parte activa de la firma. En la actualidad, ocupan conjuntamente la presidencia. Caroline Scheufele es la responsable de las colecciones para mujer y se ha encargado de desarrollar la sección de joyería y el departamento de Alta Joyería. Su hermano, Karl-Friedrich, gestiona las colecciones para hombre tras haberse dedicado en los años ochenta a la creación de relojes deportivos. Además, en los noventa impulsó la manufactura de Chopard en Fleurier, donde se producen los movimientos L.U.C.


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