Una tradición de excelencia

Una tradición de excelencia

Todo empezó en 1860, en el pueblo de Sonvilier. Louis-Ulysse Chopard, un joven artesano talentoso, estableció su taller en ese lugar. Gracias a su precisión y fiabilidad, sus relojes adquirieron rápidamente una sólida reputación entre los amantes de relojería y fueron adquiridos en lugares lejanos, como Europa del Este, Rusia y Escandinavia.

En 1921, el hijo del fundador, Paul Louis Chopard, abrió una sucursal en La Chaux-de-Fonds, en donde instaló la sede de la empresa. En 1937, trasladó la empresa a Ginebra, capital de la Alta Relojería (Haute Horlogerie), de modo que se acercó a su clientela cosmopolita. En 1943, Paul André Chopard, nieto de Louis-Ulysse, tomó el mando de la empresa.

En 1963, buscó un comprador capaz de fomentar y perpetuar el legado de la marca, debido a que ninguno de sus hijos deseaba hacerse cargo de la empresa.

Entonces conoció a Karl Scheufele, descendiente de una dinastía de relojeros y joyeros de Pforzheim en Alemania. Al final de una breve reunión, Karl Scheufele decidió adquirir la empresa.

Bajo el impulso de la familia Scheufele, Chopard vivió una expansión espectacular. Reconocida por su creatividad, su tecnología de punta y la excelencia de sus artesanos, la Casa se convirtió en uno de los líderes de la industria de la relojería y la joyería de lujo. Chopard es una empresa totalmente independiente que mantiene una tradición familiar secular. Karl Scheufele y su esposa Karin han dirigido la expansión internacional de la empresa durante más de 40 años y continúan trabajando en la empresa. Sus dos hijos comparten actualmente la presidencia: Caroline Scheufele es la responsable de las colecciones femeninas y la Alta Joyería, y su hermano, Karl-Friedrich Scheufele, está a cargo de las colecciones masculinas y de Chopard Manufacture en Fleurier, la sede de la producción de los movimientos L.U.C.