30 de junio 2015

La Fundición de Oro propia de Chopard

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La Manufactura Chopard es una de las pocas que posee su propia fundición de oro, muestra de su interés por la calidad extrema, la verticalización de su producción y para satisfacer sus necesidades en el plazo más corto.

Chopard tiene su taller de fundición en la planta de Meyrin donde se producen cinco calidades de oro de 18 quilates: un matiz de oro blanco, dos matices de oro amarillo (referencias 2N y 3N) y dos matices de oro rosa (4N y 5N). El oro de 18 quilates o 750 milésimas (es decir 750 gramos de oro puro por un kilo de materia) es muy apreciado en joyería ya que a diferencia del oro de 24 quilates, demasiado maleable, representa el mejor equilibrio entre resistencia, destellos y contenido de oro puro. Esto lo convierte en el ideal para el engaste de piedras preciosas, soportando igualmente el desgaste y los pequeños golpes de la vida cotidiana.

La fundición del oro es un trabajo manual que requiere de dos personas. Paulo aprendió las técnicas de la química y la metalurgia en una fundición independiente antes de entrar a Chopard, hace diez años. “No me canso de practicar este oficio”, declara con una sonrisa. “El material es magnífico, las técnicas evolucionan y hacen nuestra labor cada vez más apasionante. Tenemos una gran responsabilidad pues nuestra función se sitúa al inicio de la cadena de creación. Si en el engaste se descubre que nuestro oro es poroso, es un desastre. Tenemos la obligación de realizar un producto perfecto”. Paulo trabajó solo durante mucho tiempo, pero ante el desarrollo de la producción relojera y joyera, recibió la ayuda de un aprendiz, Nicolás, quien vino a apoyarlo en esta labor. Al mismo tiempo, el taller se equipó con un segundo horno de inducción al vacío, íntegramente informatizado, que permite fundir de 6 a 20 kilos de oro en una sola vez. Sea cual sea la parte de las nuevas tecnologías en el oficio, el savoir-faire humano sigue siendo capital.

En función de la aleación que se desea obtener (oro blanco, rosa o amarillo), el fundidor coloca los metales finos necesarios en un crisol de grafito y arcilla. Para producir oro rosa, por ejemplo, necesitará una cierta cantidad de oro fino de 24 quilates, plata y cobre, mientras que para el oro blanco añadirá paladio. El proceso de fundición empieza cuando el recipiente está en el horno. El calor del horno varía en función del tipo de aleación. El oro rosa, por ejemplo, exige una temperatura de 1000°C. Un magnetismo interno hace entrar los materiales en fusión.

Por una ventanilla, Paulo y Nicolás pueden seguir las etapas de la fundición. El espectáculo es sorprendente. En menos de treinta minutos, un líquido rojo resplandeciente palpita en el corazón del crisol. Al final del horneado se vierte, como si fuese un río de lava, en una masa de acero de 6 a 8 kilos. El lingote obtenido siempre está compuesto por 750 gramos de oro puro, el peso que indica la norma. “Es una garantía Chopard, una fe de calidad suplementaria”, explica Paulo. Seguidamente el oro es laminado por los dos artesanos en una larga y gruesa banda de 12 mm. Al verter el oro, este presenta una materia compuesta de granos gruesos. La presión ejercida por el laminado afina estos granos haciendo el metal más duro y compacto, al límite de la rotura. En este momento se recorta una muestra llamada “zanahoria”, la que además se pesa y numera para ser enviada al Control Suizo de Metales Preciosos (CMF), a fin de que se analice la aleación y se determine oficialmente su título (es decir, la relación entre el peso de oro fino contenido en la aleación y el peso total). Solo después de haber recibido el certificado del CMF, uno o dos días después de su producción, se puede emplear la aleación. Pero para ello, el metal debe ser horneado varias veces a una temperatura promedio de 600° para devolverle al lingote su estructura inicial. Entonces puede ser laminado por última vez, para darle el grosor exigido por los usos a que estará destinado.

Como en la cocina de un gran chef, el oro se fabrica respetando al pie de la letra una receta extremadamente precisa, con minuciosos gestos sabiamente dominados.

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