Del saber hacer a la emoción

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Cuando se desea alcanzar lo imposible, crear unos relojes y unos aderezos de Alta Joyería pluscuamperfectos, hay que saber dominar el proceso de creación y de producción de la A a la Z. Esa era la intención de Caroline y Karl-Friedrich Scheufele, los copresidentes de la Casa Chopard y, antes que ellos, la de sus padres, cuando poco a poco fueron desarrollando los talleres, integrando todos los saber hacer necesarios para conseguir la excelencia, desde la fundición del oro hasta el engaste, desde la decoración de los movimientos al grabado de las cajas, pasando por los talleres donde se crean las grandes complicaciones.

Al visitar los talleres de Alta Joyería de la Casa se descubren las diferentes etapas de creación de los aderezos más bellos. Todo comienza con el esbozo (el gouache en el lenguaje de la joyería), la construcción en 3D, la escultura, y de ahí se pasa a la realización de la joya y al engaste. Sin olvidar, por supuesto, la elección de las piedras preciosas, algo primordial. Este terreno es el de Caroline Scheufele, amante de las gemas desde que era una niña. Siempre va en busca de las más bellas, las más especiales, las más misteriosas, las que le enamoran, las que le hacen vibrar y le inspiran.


En la manufactura relojera, los Artesanos poseen un saber hacer sin igual: es aquí donde se ensambla el famoso L.U.C Full Strike, la repetición de minutos dotada de un timbre de cristal, así como los tourbillons de la Casa, y muchas otras complicaciones que Chopard domina por completo

En Fleurier, en el Val-de-Travers nació Chopard Manufacture, dentro de poco hará veinticinco años, en 1996. Simboliza toda la historia de la realización de un sueño, el de Karl-Friedrich Scheufele. El copresidente de Chopard deseaba volver a los orígenes de la relojería y del fundador de la Casa, Louis-Ulysse Chopard, en las montañas de Neuchâtel, en Fleurier. Un lugar donde se trabajaría dentro de la más pura tradición relojera, pero con la ayuda de las herramientas de hoy en día. En los talleres, ante las impresionantes vistas de las montañas que los rodean, se han agrupado todos los oficios de la relojería: el estampado, la decoración, el ensamblado, el taller de las grandes complicaciones, etc… Como deseaba hacer revivir una tradición olvidada, Karl-Friedrich Scheufele ha permitido a una artista formarse en el grabado fleurisanne, animándole a grabar algunos movimientos con delicadas decoraciones florales y ornamentales mientras que, por su parte, el grabado de las cajas se lleva a cabo en Ginebra.

En Fleurier, bajo un techo formado por un entramado de vigas de madera que parece un barco invertido, como si de una orgullosa nave espacio-temporal se tratara, se puede descubrir el museo dedicado a la historia del tiempo: el L.U.Ceum.
Porque, en definitiva, de eso es de lo que se trata: del tiempo. Del tiempo que pasa y del tiempo que medimos, del tiempo necesario para fabricar los relojes y los aderezos más extraordinarios, sin olvidar a ese tiempo que tiene la elegancia de permitir que Chopard inscriba su nombre en el panteón de los relojeros y los joyeros de hoy y del día de mañana.

 

Por primerísima vez, Chopard ha decidido abrir las puertas de sus Talleres de relojería y de joyería a fin de dirigir el foco hacia sus Artesanos. Con una suave combinación de humildad y de orgullo por el trabajo bien hecho, estos hombres y mujeres de carácter revelan el secreto de su saber hacer, desvelando de paso la dimensión excepcional de su iniciativa artística así como su ingenio. Corazón que late en los Talleres de la Casa, estas « Mains d’Art » son las creadoras de las Emociones que dan a Chopard su fama de buena factura, de innovación y de respeto por las tradiciones.

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