El osito Arty y la estrella fugaz

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Un cuento de invierno de Chopard

Érase una vez el susurro de una noche estrellada.
En el aire flotaban los aromas y la magia de la Navidad.
El bosque crujía y rezumaba el perfume de las especias y las resinas, augurando la alegría de las fiestas.
Una fina capa de nieve dulcificaba el paisaje y cubría las cumbres con un inmaculado manto de alabastro.
El osito Arty se adentraba entre los árboles y sus huellas dejaban sobre la nieve la estela de una nueva odisea.
Desconocía a dónde le dirigían sus pasos, pero no estaba solo ni se había perdido... simplemente obedecía a su estrella guía.
A su alrededor, los pajarillos y los animales del bosque entonaban sus melodías, como un amuleto, y el bosque silbaba una canción suave como la seda bordada con oro para acompañar a Arty en su búsqueda.

Érase una vez Arty, nuestro osito, que, a cada vuelta del camino, en cada claro, alzaba su hocico: ¡por aquí!
Las fulgurantes estrellas coronaban las cumbres nevadas con sus joyas más espléndidas, y las creaciones de Chopard, con su luz celestial, conferían un brillo único a la resplandeciente caricia de una noche de Navidad.
Un baile, una búsqueda emocionante, un reino que se acerca: érase una vez Chopard.
Entre el majestuoso encanto de los gélidos paisajes, al son del juego de las nubes, en la agitación de los bosques: los palacios de la imaginación abren sus puertas a las almas soñadoras.
Para aquellos que siguen asombrándose como niños y se entregan al suave abrazo de un torbellino de alegría.

Érase una vez una noche en la que el osito Arty se sintió libre para seguir el camino que le marcaban el juego y las estrellas, astros que radican en las profundidades del tiempo y de la naturaleza, majestuosos y brillantes en los ojos de nuestros seres queridos.
Dejarse guiar por la luz de los regalos, como amuletos, de nuestros seres queridos: unas constelaciones inventadas por nosotros mismos.
Una joya, un reloj, como el testimonio de un lazo eterno.
Un vínculo que se fortalece con cada paso de nuestra singular odisea, o en la conmovedora sencillez de una mano extendida.
Érase una vez la Navidad, el momento de gracia en que recordamos, con el destello de una estrella fugaz, el pulso luminoso del mundo, y los cielos que comparten su gloria, como un regalo eterno.

Selección de regalos de Arty

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